Publicado el 07 de Mayo de 2026
D.O. Cangas: Viticultura heroica, paisaje indómito y vinos con alma
CANGAS DE NARCEA (ASTURIAS)
Asturias es una de las regiones españolas más admiradas por sus infinitos paisajes verdes, sus magníficas playas y una gastronomía que enamora pero hay algo que muchos aún desconocen ... en Asturias también hay vino!!!
Hablamos de una de las zonas vitivinícolas más desconocidas y a la vez más auténticas de España: la Denominación de Origen Protegida Cangas. Territorio donde la viticultura no es fácil, donde cada cepa parece aferrarse a la montaña y cada copa de vino es historia de resistencia.
Así lo pude sentir en primera persona en mi viaje a esta región con motivo de la entrega de los Premios de los Mejores Vinos de España que otorga anualmente la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino y Espirituosos (AEPEV)
Esta visita no podía tener mejor comienzo que alojándonos en el Parador de Corias situado en un antiguo monasterio benedictino fundado en el siglo XI y conocido popularmente como el “Escorial asturiano”. Entre sus muros de piedra, el vino y sus viñas ya eran sustento, tradición y cultura de la vida monástica hace siglos.
Para entender el alma de esta región y el por qué este territorio es tan especial en el vino hicimos una parada imprescindible en el Museo del Vino de Cangas de Narcea. Allí, entre antiguos utensilios de vendimia, prensas tradiciones y documentos históricos, descubrimos que la viticultura en Cangas durante siglos fue parte esencial de la vida de sus gentes hasta que estuvo a punto de desaparecer. Y precisamente esa lucha por recuperarlo es lo que actualmente da aún más valor a cada vino que nace en estas tierras.
Conocida su historia nos adentramos en los viñedos que atesoran las siete bodegas con las que cuenta esta denominación de origen de paisajes escarpados entre pendientes imposibles, espesos bosques, suelos complicados y pequeños riachuelos que dibujan una belleza salvaje que me fascinó.
Un paisaje maravilloso de contemplar pero de viticultura difícil y extrema para trabajar. Aquí cada variedad autóctona cómo la Albarín Negro, la Carrasquín o el Verdejo Negro se convierten en un tesoro que hay que proteger como atestiguamos en nuestra visita a Bodegas La Verdea.
Esta pequeña bodega familiar ubicada en Puenticiella representa como pocas el alma de la viticultura tradicional de Cangas. Cuenta con pequeñas parcelas de viejas viñas situadas en empinadas pendientes montañosas donde todo el trabajo es artesanal y manual con una filosofía clara: “revivir ese ancestral legado familiar vitícola que han recibido para mostrarlo en cada copa sin artificios”.
La ruta continua hacia la Bodega Las Danzas y para llegar recorrí a pie el último tramo del camino. A cada paso las vistas se iban abriendo a esa naturaleza auténtica y salvaje que define el carácter de estos vinos.
La bodega aparece integrada en el paisaje con un respeto absoluto por el entorno. Carmen, alma y motor de la bodega, nos habló de parcelas situadas en parajes casi imposibles, de vendimias manuales y de una forma de entender la viña profundamente conectada con la tierra mientras catábamos sus vinos.
El viaje nos llevó de vuelta al entorno del parador para visitar la Bodega Monasterio de Corias que recoge siglos de tradición vitivinícola y donde el pasado no se queda atrás sino que evoluciona.
Recorrimos sus viñas ascendiendo por un estrecho y empinado camino hasta alcanzar la cima de una ladera donde las vistas al monasterio y a su entorno son una maravilla.
En esta bodega su singularidad se revela en la elegancia con la que interpreta un entorno extremo y un clima desafiante dando lugar a vinos finos, equilibrados y de profunda expresión.
Estas jornadas no solo me permitieron catar sus excepcionales vinos sino también conectar con sus tradiciones, entre ellas descubrí el uso del “cachu”, ese tradicional recipiente de madera en el que antiguamente se bebía y compartía el vino en Asturias. Un cuenco sencillo pero cargado de simbolismo que nos habla de su forma de entender el vino mucho más cercana, colectiva y casi ritual.
Nuestro viaje finaliza en Cangas del Narcea entre calles empedradas, balcones de madera y plazas tranquilas donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo. Y fue precisamente aquí, en su teatro Toreno, donde estas entrañables jornadas alcanzaron su momento especial con la entrega de los XVIII Premios a los Mejores Vinos de España otorgados por la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino y los Espirituosos a la que tengo la satisfacción de pertenecer.
Por el número de galardones recibidos, esta gala dejó claro el extraordinario nivel que están alcanzando los vinos de Cangas.
Desde aquí quiero dar las gracias a todos los que nos recibieron con tanto cariño y confesar que me quedé con ganas de conocer mucho más. Brindo por esos vinos que no necesitan hacer ruido para ser inolvidables y espero volver muy pronto.
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