Publicado el 10 de Junio de 2025
El mildiu, un hongo devastador que prospera en condiciones de alta humedad y temperaturas suaves, ha golpeado con fuerza las regiones productoras de uva, afectando hasta el 80% de la cosecha en algunas zonas. Desde Málaga hasta Huelva, pasando por Cádiz, Córdoba y Sevilla, los viticultores lanzan un grito de auxilio y exigen a la Junta de Andalucía y al Gobierno central medidas urgentes para mitigar las pérdidas y garantizar la supervivencia de un sector clave para la economía y la cultura regional.
Las lluvias de los últimos meses, que inicialmente fueron recibidas como un alivio tras años de sequía, han traído consigo un escenario inesperado. La combinación de días nublados durante la floración de la vid ha creado el caldo de cultivo perfecto para la proliferación del mildiu, un pseudohongo parásito que ataca hojas, racimos y sarmientos. Según las primeras estimaciones de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) Andalucía, las pérdidas oscilan entre el 50% y el 80% de la producción, con picos alarmantes en la Axarquía malagueña, donde se estima que hasta el 80% de la cosecha se ha perdido por completo.
La gravedad varía según las comarcas. En Málaga, la Axarquía es la zona más afectada, donde muchas explotaciones familiares ven peligrar su viabilidad económica. En El Condado de Huelva, la incidencia también es significativa, mientras que en Córdoba y Cádiz los daños alcanzan un 50% y un 100% de las parcelas muestreadas, respectivamente, con un 15% de racimos dañados en esta última. Estas cifras, recopiladas por la Red de Alerta Fitosanitaria, dibujan un panorama sombrío que amenaza la próxima vendimia y, a largo plazo, la sostenibilidad del sector.
Francisco Moscoso, vicesecretario general de Agricultura de UPA Andalucía, advierte que las condiciones climáticas de esta primavera, marcadas por precipitaciones abundantes seguidas de calor, han exacerbado la enfermedad. “Los viticultores no pueden afrontarlo solos. Esta plaga reduce drásticamente la cosecha y hunde la rentabilidad de las explotaciones”, señala. Además, el aumento de los costes en fitosanitarios —con tratamientos que en algunos casos superan los 500 euros por hectárea— agrava la situación, especialmente para pequeños productores que ya luchan contra márgenes ajustados.
Ante esta crisis, UPA Andalucía ha elevado su voz para exigir un paquete de medidas inmediatas. Entre las demandas están la reducción del IBI agrario para 2025, la modificación de los módulos fiscales del IRPF para los afectados y el fomento de la investigación en tratamientos fitosanitarios más eficaces. Moscoso insiste en la necesidad de revisar los protocolos actuales, que han resultado insuficientes frente a una campaña tan adversa, y aboga por explorar tecnologías como el uso de drones para aplicar tratamientos en terrenos inundados.
El Consejo Regulador del Condado de Huelva ya ha activado una declaración de daños para que los viticultores soliciten ayudas a través de las Oficinas Comarcales Agrarias (OCAs). Asimismo, se han solicitado reuniones con la Consejería de Agricultura y otras instituciones para diseñar un plan que compense las pérdidas y apoye la innovación en el sector. “Esto no es solo un problema agrícola, es una amenaza estructural para nuestra economía y patrimonio”, subraya Vicente Pérez, presidente del Consejo.
La uva andaluza, desde la moscatel de la Axarquía hasta la Pedro Ximénez de Montilla-Moriles, forma parte del legado cultural reconocido internacionalmente, como el Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (Sipam) de la FAO. Sin embargo, la falta de respuestas rápidas podría llevar al abandono de explotaciones y a una dependencia mayor de importaciones, un escenario que preocupa a los productores. Mientras las temperaturas suben y el mildiu retrocede en algunas zonas, la incertidumbre sigue cerniéndose sobre el futuro de la viticultura en la región.
La pelota está ahora en el tejado de las administraciones. Los viticultores esperan que las promesas de apoyo no queden en palabras vacías y que se actúe con la misma celeridad que el hongo ha mostrado para arrasar sus campos. De lo contrario, el impacto de esta crisis podría resonar más allá de 2025, dejando cicatrices profundas en el corazón vitivinícola de Andalucía.
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