Publicado el 05 de Mayo de 2021
Autor: D. Víctor Fernández de Bodadilla Carcamo.
“¿Por qué, cómo y cuándo el precio es alto? "El precio según la Ley de Say, lo da el mercado.
[Para los que no conozcan esta Ley, decir que se trata de un principio atribuido a Jean -Baptiste Say, que indica que la demanda está determinada por la producción, y que solo produciendo se puede generar demanda: Cuantos más bienes -para los que hay demanda- se produzcan, más bienes existirán que constituirán a su vez demanda para otros bienes.]

Por lo tanto el mercado, - valga la adaniplosis -, es el que fija los precios.
Hay una fuerte especulación con los vinos singulares y de escasa producción, como por ejemplo algunos vinos franceses que están vendidos cuando todavía están en las barricas de las bodegas y a veces estas mismas limitan la producción para crear más morbo y subir su cotización. Otras veces es consecuencia de accidentes naturales.
Otra causa que pudiera justificar un precio alto del vino lo definía de forma diáfana Andreas Kubach, Master of Wine, en “Península Vinicultores “. Para mí el mejor divulgador del vino; En este sentido señala muy acertadamente que “Cuanto tú pasas cierto nivel, - que podemos debatir dónde está -, ya no estas pagando la calidad intrínseca del líquido, si no que estas pagando otra cosa.
Pasas el umbral y haces un producto de lujo, estas pagando por una exclusividad, una falta de disponibilidad, una necesidad o ganas de distinguirte, igual que te compras un reloj que técnicamente no vale 20.000 y por 2.000 tienes otro igual de bueno y por cinco euros o por quince tienes un Casio que marca la hora igual de bien.”
Estas diferentes dimensiones de lo que significa la calidad en un producto también se aplica al vino. Personalmente, nunca me gastaría 1000€ en una botella de vino, porque yo no busco impresionar a mis vecinos.
Sí en otros, busco maximizar mi placer y a precios mucho más bajos llegando a la cúspide.
Ahora bien, hay otro razonamiento - adelantando por la derecha -, que es como sigue y precisa de forma ecléctica mi criterio, el mío personal.
Es el siguiente ítem, “Siempre habrá personas que defiendan que un vino es algo más que la suma de sus componentes moleculares. “¡Por la cuenta que les tiene!” Ese es su clickbait.
Partiendo de un aserto del mismo Master of Wine citado anteriormente “Un vino es bueno cuando no tiene defectos”(sic), si con él nos vamos del precio de 6€ (en un lineal) de un buen verdejo a los 1.200 euros de un Chãteau D’Yquem, por seguir con vinos blancos.
En esta horquilla de precios, está el terroir, la historia que rodea a la bodega, la escasez del vino o viñedos prefiloxéricos, percepción psicólogica del producto, un naufragio en las Azores con Flor y acrónimo incluido, sus altos precios (que influyen en las papilas y cerebro del consumidor valga la silepsis, demostrado por scanner), el marcado sesgo endogámico de algunos prescriptores, la historia que rodea a la bodega...etc.
Si todas estas connotaciones se pudieran embotellar este sería el mejor negocio del mundo.
Determinadas bodegas ya las han detectado, y sin cumplirlas, envasado y taponado, muchas de ellas con muy poca historia. Algunas tirando de ucronía, es decir contando la historia que ellos hubiesen querido que ocurriese, pero que no ha sucedido realmente.
Quizá Ferrán Centelles o Jancis Robinson no opinen lo mismo.

D. Víctor Fernández de Bodadilla Carcamo
Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Sarriko y máster en Económia y Econometría aplicada por la Universidad de Deusto.
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