Publicado el 18 de Julio de 2017
El turismo enológico es un fenómeno relativamente reciente, en particular en Latinoamérica, que nace de la confluencia de distintos intereses. Por una parte, el crecimiento de la demanda por conocer los sitios de origen de los afamados vinos de moda, y por otra, el creciente interés por nuevas estrategias de comercialización de los productores viñateros y el importante desarrollo de todas las formas de turismo vinculadas a la naturaleza y a la vida en el área rural.
El desarrollo del turismo del vino o enoturismo empezó a tener auge en Argentina a mediados de los años ’90, en las principales zonas vitivinícolas del país, y se ha constituido, en los últimos años, en una actividad indispensable tanto para los nuevos proyectos vitivinícolas como para las bodegas más tradicionales de las distintas regiones del país.
Esta nueva práctica turística da lugar a la valoración de la vida tradicional de las diferentes regiones vitivinícolas: sus costumbres, su gastronomía, sus fiestas tradicionales; al mismo tiempo que promueve la conservación de sus paisajes, y brinda oportunidad a las bodegas de comercializar su producto de manera directa, proporcionando una experiencia al turista que genera reconocimiento de marca y fidelización, tanto a nivel nacional como internacional.
Las rutas enológicas son una alternativa para el desarrollo y la regeneración económica y social de determinadas áreas, principalmente las zonas rurales, dado que revalorizan diferentes recursos de interés turístico.
En Argentina, la Cámara Vitivinícola Nacional, organismo que reúne a 220 bodegas de todo el país, dio origen a la Comisión Nacional de Turismo Vitivinícola, en la que se comenzó el proyecto sobre “Los Caminos del Vino”, hoy consolidado internacionalmente.
Las Rutas turísticas del vino en Argentina están compuestas por dieciséis caminos que recorren ocho provincias: Salta, Catamarca, Rio Negro, La Rioja, San Juan, Mendoza, Córdoba y Neuquén.
Las bodegas que conforman estos caminos ofrecen diferentes opciones turísticas: alojamiento, gastronomía, turismo aventura, deportes, esparcimiento y servicios de salud.
Las rutas están diagramadas para recorrer en cualquier época del año, y brindan la posibilidad de conocer las diferentes zonas vitivinícolas que reúne nuestro país, y de visitar bodegas artesanales, tradicionales, boutique o industriales. Al mismo tiempo, permiten disfrutar de diversas actividades, tales como visitas guiadas, degustaciones, cosecha, poda, cocina, almuerzo entre viñedos y en bodegas, paseos a caballo, sulky o bicicleta, u hospedarse en sitios donde la naturaleza es el principal protagonista.
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