Publicado el 15 de Octubre de 2015
En la década del 90, la vitivinicultura Argentina experimenta una verdadera transformación, basada en el cambio de un modelo de producción de volumen a un modelo basado en calidad. El tipo de cambio favorable durante el periodo de la convertibilidad, promovió una afluencia importante de inversión extranjera. Además, se acometió la recuperación de la superficie implantada con variedades de alto valor enológico.
La presencia de enólogos de Francia, California y Australia, instaló modernos conocimientos técnicos de viticultura y enología: el control de rendimientos, el control de la temperatura de fermentación y el uso de nuevas barricas de roble, entre otras.
Simultáneamente se observó en este periodo una caída dramática en el consumo interno de vinos. La industria vitivinícola argentina cambió de estrategia y se centró más agresivamente en el mercado de exportación.
A finales de la década de 1990, una nueva era de viticultura de calidad había comenzado, esta vez enfocada a los vinos Premium y a los mercados de exportación.
La nueva tecnología de las bodegas, el interés por el mercado autóctono y desde hace un tiempo el externo, las inversiones y el cambio de mentalidad y conocimiento del consumidor, fueron moldeando poco a poco la industria vitivinícola. El mapa enológico nacional se modificó notablemente, apareciendo nuevas zonas productoras, que se unieron a las zonas tradicionales y en función de los cambios mencionados, los nú-meros del vino argentino hoy son algo muy distinto a sus principios.
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