Publicado el 06 de Octubre de 2014
Cuando hablamos de un vino con cuerpo, hablamos de la densidad del mismo cuando lo tomas. De esos vinos que casi tienes que masticarlos, vinos de pueblo, vinos artesanos, vinos con una especial y esmerada elaboración. De copa lenta.
A la vista puedes distinguirlos porque no es nada transparente, no ves a través de la copa, es de color casi negruzco, casi o totalmente opacos. Son vinos que están pensados para comer con comidas contundentes, carnes y platos y estofados bien elaborados que estén a la altura del vino con un buen cuerpo, con una buena densidad. Con poca o mucha crianza… A la mente se me vienen los vinos de Zaragoza, Cariñena, Calatayud por poner algunos ejemplos pero no los únicos pues no se limita a una zona geográfica sino más bien a un tipo de elaboración.
Cuando tomas un vino con cuerpo no sólo tomas un vino criado para beber y disfrutar también hechos para paladares poco finos y que estén preparados para experiencias distintas a lo que el mercado de hoy día nos tiene acostumbrado. Son vinos para expresar lo más fielmente el terruño y la variedad que le representa.
La mayor parte de los vinos con cuerpo suelen ser tintos, pero no te engañes también los hay cada vez más blancos, y alguno que otro, rosado. Éstos son palabras mayores.
Vinos con cuerpo son vinos con sabor, con esmerada elaboración. Éstos también lo hay muy afrutados o menos, según lo que busque el viticultor expresar.
Los vinos con cuerpo son, pues, vinos difíciles de olvidar.
Por: Virginia Adrada Olías de Lima (Gerente de Vinuranto, Distribuidora & Tienda Online, Bloguera y Comunicadora de Vino) para Catadelvino.com
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