Bodega Abadía da Cova


Publicado el 27 de Noviembre de 2018


Bodega Abadía da Cova

Abadía da Cova, una bodega situada en uno de los lugares más espectaculares de la Ribeira Sacra: "O Cabo do Mundo" o el Cabo del Mundo, un lugar mágico frente al Meandro del Miño. Un entorno natural único poblado en sus laderas de viñedos en pendientes tan escarpadas que convierten su viticultura en heroica.

 

ABADÍA DA COVA - BODEGAS MOURE

A COVA - LUGO (RIBEIRA SACRA)

 

Adega Abadía da Cova se encuentra  ubicada en uno de los entornos naturales más impactantes de la zona: "O Cabo do Mundo" o el Cabo del Mundo en plena Ribeira Sacra.

Mimetizada entre pobladas terrazas centenarias cubiertas de viñedos en un terreno tan escarpado que el trabajo en estas viñas convierten su viticultura en heroica.

Frente a ella, el Meandro del Miño cubierto de espesos bosques y bordeado por el río Miño ... un paisaje natural que te deja sin palabras y al que es difícil dejar de admirar !!!

 

 

 

 

Una bodega familiar de la familia Moure que durante muchas generaciones ha vivido y amado estas tierras pobladas de leyendas en un terreno paisajistico maravilloso pero muy duro de trabajar.

La familia Moure se ha dedicado durante largos años a la elaboración de aguardientes hasta que en 1923 Baldomero Moure comenzó a elaborar sus primeros vinos en una pequeña y humilde bodega.

Más tarde, debido al prestigio que obtuvieron sus vinos creó en el año 1958 Bodegas Moure en el antiguo edificio en el que actualmente se encuentra su Sala de envejecimiento.

En el año 2000 construyeron junto a la antigua bodega, el moderno edificio que hoy alberga la bodega, cambiando el nombre en homenaje a la Abadía da Cova, antigua propietaria de los viñedos centenarios que la rodean y que fueron adquiridos por sus antepasados en la desamortización de Mendizábal en el año 1836.

 

 

 

 

 

Con Aline Urban, responsable de enoturismo, y algunos de los integrantes de la familia Moure, he quedado para visitar este lugar tan impactante que no sabría por donde empezar a recorrer.

Comenzamos "escalando" por algunos de los escarpados viñedos que rodean la bodega en un terreno que es difícil pasear por su gran inclinación convirtiendo a los viticultores de estas tierras en heroicos por la dificultad, dureza y peligrosidad de su trabajo.

 

 

 

 

Empezamos a ascender por una ladera muy escarpada entre estrechos bancales donde apenas cabe una persona. Aquí vamos observando cepas de Mencía, la variedad tinta mayoritaria de la zona. Unas cepas que para buscar poca producción y máxima calidad, en cada añada utilizan un solo brazo de la planta. Un año el brazo derecho y al año siguiente le podan para utilizar únicamente el izquierdo.

 

 

 

 

 

 

Aline me explica el cuidado tan exhaustivo que llevan a cabo con sus viñedos, una bodega muy comprometida con la naturaleza y un gran respeto y preservación por el entorno que han heredado.

Llevan a cabo distintos proyectos e investigaciones científicas de I+D+i (Investigación, desarrollo e innovación) para estudiar y crear el producto más autentico, sano y sostenible a través de una naturalidad en el viñedo y una viticultura sana.

Recorremos además de la mayoritaria Mencía, viñedos de Godello, Garnacha Tintorera y estupendas cepas emparradas de Albariño que se encuentran en la parte más baja de la ladera y que aportan una imagen paisajística increíble.

 

 

 

 

Una vez recorrido esta maravilla de lugar, nos dirigimos a visitar el edificio de la antigua bodega donde se encuentra la zona de envejecimiento. Un edificio en piedra que fue pionero en la crianza de vinos ya que Abadía da Cova fue la primera bodega en elaborar vinos de Mencía envejecidos en barricas en la Ribeira Sacra.

En su Sala de envejecimiento se encuentran grandes barricas de 400 y 500 litros de roble francés, americano y húngaro para redondera y matizar sus vinos sin que pierdan un ápice de la naturalidad que aportan estas singulares tierras.

Una sala recubierta en sus paredes de baldosines con diversas obras de arte pintadas a mano por prestigiosos artistas de la zona con alegorías al viñedo, al vino y a las leyendas de la zona que aportan a este lugar un encanto especial !!!

 

 

 

 

Nos trasladamos al nuevo edificio que hoy alberga la zona de elaboración y la Sala de Catas. Un precioso edificio enclavado frente al Meandro del Miño que sobresale de la ladera para poder apreciar todavía mejor el entorno donde nos encontramos.

El edificio se encuentra rodeado por diversos árboles frutales plantados y cuidados por la familia Moure y presididos por una gran palmera, algo inusual en esta zona y que confiere a este lugar todavía más encanto.

 

 

 

 

En la zona de elaboración todo ha sido pensado e ideado para trabajar por gravedad, una gravedad que comienza en el campo por la gran inclinación de sus viñedos y termina en los depósitos tanto de acero inoxidable como en los grandes fudres troncocónicos de madera donde vinifican sus vinos.

Aquí también se encuentran pequeñas vinificaciones que elaboran para aportar personales toques de distinción a sus coupages.

Tuve la oportunidad de catar algunas de estas pequeñas microvinificacines en las que un Albariño de una misma parcela elaborado en distintos tamaños de vinificación aportan matices muy diferentes a este ser vivo que evoluciona dependiendo de múltiples factores.

 

 

 

 

En nuestro recorrido, llegamos a la Sala de Catas que se encuentra presidida por grandes ventanales con maravillosas vistas al Meandro del Miño. En sus paredes se agolpan los innumerables premios conseguidos con sus vinos, unos vinos creados fusionando la naturaleza pura de estas tierras difíciles, diferentes y singulares de viñedos centenarios de la época de los romanos con la innovación de los distintos estudios llevados a cabo para extraer la esencia de este terreno.

Una innovación que les ha llevado a elaborar un vino ecológico en una zona tan difícil de plantar y ser pioneros en elaborar en el 2014 Amarante, el primer vino rosado de la Ribeira Sacra y el primer Mencía con crianza en barrica.

 

 

 

 

Seguidamente nos dirigimos a la increíble terraza donde, junto con el enólogo y algunos de los integrantes de la familia Moure al cargo de la bodega, vamos a realizar la cata. El lugar no puede ser más idílico, desde aquí se contempla el río Miño bordeando el Meandro y las distintas laderas de viñedos y espesos bosques.

 

 

 

 

Ellos me trasmiten la pasión que sienten por estas tierras donde han nacido y crecido. Una pasión que llevan a sus vinos para representar la autenticidad de este lugar tan mágico, siendo fiel reflejo de la identidad de esta tierra tan especial y tan complicada para trabajar.

 

 


 

 

Abadía da Cova Blanco 2016. Un Albariño con toque de Godello que sigue conservando toda su frescura con aromas frutales y toques florales.

Abadía da Cova Mencía 2017. El vino más representativo de la zona y su etiqueta está representada por el meandro que domina el paisaje de la bodega. Un Mencía joven con maceración carbónica protagonizado por la fruta roja y el toque goloso de la maceración carbónica.

Abadía da Cova Barrica. Un Mencía de parcelas seleccionadas vinificado en fudres de madera durante ocho meses. Un vino de autor en el que se le añaden pequeñas vinificaciones dependiendo de la añada.

A Rosa Do Viño. Su vino más personal creado con el coupage de Mencía y Garnacha Tintorera. Un vino sorprendente por los matices que le aporta la Garnacha a estas estupendas Mencías.

Abadía da Cova 1124. Su vino más emblemático y de alta gama en homenaje al año en el que aparece Ribeira Sacra en un documento fundacional. Un Mencía de los viñedos más singulares y ancestrales con 7 meses en barrica y pequeñas vinificaciones incorporadas de Garnacha Tintorera, Sousón, Caiño y distintas variedades autóctonas. Las frutas rojas, toques de regaliz y minerales lo convierten en un vino con mucha personalidad.

Unos vinos que, como ellos mismos dicen, son un reflejo de la naturaleza en sus distintas añadas que la familia Moure y su equipo se encargan de interpretar, respetar y plasmar por medio de sus elaboraciones.

 

 

 

 

 

Solo me queda dar la enhorabuena a la familia Moure y su equipo no solo por sus vinos sino por el maravilloso entorno donde realizar su labor. Un entorno natural único que como me comentan, deben de cuidar, mimar y preservar para que puedan disfrutar de este pequeño paraíso las próximas generaciones.

Muchas gracias por la estupenda visita que me han brindado y os animo a visitar esta bodega que es visita obligada si estaís por la Ribeira Sacra, yo estoy deseando volver por este mágico lugar. 

 

 

 

 





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