Publicado el 28 de Febrero de 2026
LA ERA: Bodega con alma de jardín en La Alcarria
MONDÉJAR (GUADALAJARA)
El vino, en esta ocasión, me lleva hasta la localidad guadalajareña de Mondéjar que guarda memoria líquida desde hace siglos en plena Alcarria. Ya en la Edad Media sus viñedos abastecían a pueblos y monasterios y durante generaciones el vino formó parte de la vida cotidiana elaborado para el consumo familiar y local.
Tras años de silencio la Alcarria vuelve a despertar y lo hace gracias a románticos y sensacionales proyectos como Bodega La Era que recuperan viñas viejas, respetan el paisaje y devuelven identidad a un territorio que nunca dejó de ser vinícola.
Os confieso que lo que encontré allí no fue una bodega cualquiera sino un lugar que no necesita presentación porque nada más cruzar la puerta el asombro aparece.
Elena Herrero, hija de sus fundadores, me abrió la puerta y casi sin darme cuenta me adentré en un pequeño paraíso donde el vino y la naturaleza hablan el mismo idioma a través de un excepcional jardín creado para esa fusión.
La Era es una pequeña gran bodega con apenas cuatro hectáreas de viñedo, pequeños depósitos y una forma de trabajar que huye del ruido y de las prisas. Aquí se elaboran microvinificaciones porque como ellos mismos dicen: “en los pequeños detalles está la excelencia”.
Lo que un día fue una antigua era de trillar se ha transformado en un oasis en mitad del pueblo. El corazón del lugar lo marca una elegante piscina rodeada de un vergel tan cuidado que parece un auténtico jardín encantado entre viejos olivos, grandes higueras, árboles frutales, plantas aromáticas y flores de vivos colores que brotan sin pedir permiso. Un paraje que es reflejo directo de una filosofía de vida que derrocha Elena, la mitad creativa y sensible del proyecto. Aquí nada es casual, todo está pensado como una forma de entender el tiempo, la tierra y el vino.
La Era nace en 2017 cuando Ramón y Elena toman una decisión poco habitual: no arrancar las viñas familiares heredadas sino escucharlas, comprenderlas y darles el valor que merecen.
Ramón, enólogo por vocación, y Elena, experta en paisajismo, han sabido trasladar la belleza de la naturaleza a cada rincón de la bodega y también a cada copa.
A La Era podríamos denominarla bodega boutique con alma de jardín porque la elegancia, el cuidado del detalle y la belleza paisajística son sus principales señas de identidad.
Nada más cruzar sus puertas la piscina actúa como eje central y a su alrededor, se despliega un jardín de inspiración mozárabe construido a dos alturas que invita a perderse sin prisas. Una gran terraza ha sido pensada para catar contemplando este vergel.
En el interior, una amplia sala con detalles que mezclan lo retro, lo moderno y lo emocional presidida por una imponente chimenea invita a recorrer este espacio copa en mano observando cada detalle y dejando que cada rincón cuente su parte de la historia.
Antes de hablar de vinos hay que pisar la tierra y para ello nos desplazamos a los tres parajes donde cada viña muestra su identidad:
-Cantarranas, una viña casi centenaria con cepas de Tempranillo, Airén y Torrontés.
-La Niña, heredera natural de Cantarranas y cultivada en ecológico desde su primer día.
-Las Monjas donde el Cabernet Sauvignon aporta frescura y acidez a sus elaboraciones.
Su viticultura es ecológica y regenerativa y eso se siente. Mientras caminaba entre cepas observaba las perdices correr entre las filas, esa vida en movimiento que solo aparece cuando la naturaleza se cuida y se acompaña
En bodega todo sigue la misma filosofía con microvinificaciones, levaduras autóctonas y crianzas sin recetas fijas que buscan la máxima atención al detalle con la mínima intervención. Aquí, como en la vida, cada añada marca su propio camino y “el vino se interpreta” como me comenta su enólogo Ramón.
La cata fue una experiencia en sí misma. Comenzamos pipeta en mano entre depósitos y barricas analizando las diferentes microvinificaciones que darán forma a cada vino. Catamos el resultado en botella en la terraza con vistas al jardín y finalizamos en la coqueta biblioteca a la que se accede por una elegante escalera de caracol donde conocí algunas de las microelaboraciones que todavía no han visto la luz pero que ojalá pronto se animen a compartir.
Un recorrido sensorial por distintos espacios que invitan a disfrutar el vino despacio y con serenidad.
Autillo elaborado con la variedad Airén con una corta crianza con sus lías. Muy fresco y floral.
La Era Blanco de Airén fermentado y posterior crianza en barrica que aporta elegancia y complejidad a esta variedad castellana.
El Jardín de La Era un Tempranillo con 12 meses de crianza en barrica inspirado en la frescura de su jardín con aromas a frutas negras y notas de violeta.
La Era es la joya de la casa. Un vino redondo y elegante elaborado con el alma de las viñas viejas de Tempranillo y Cabernet.
Me fui de allí con la certeza de que cuando se escucha a la naturaleza, esta responde. Hay lugares qué cuando te marchas se quedan contigo y os aseguro que si visitáis esta bodega saldréis con el corazón un poco más lleno.
Enhorabuena por este proyecto tan auténtico y muchas gracias a su gran familia por su hospitalidad y por mostrarme ese espacio donde el vino y el paisaje caminan de la mano. Volveré!!!
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