Bodegas Alvear


Publicado el 28 de Septiembre de 2020


Bodegas Alvear

¿Quieres conocer la interesante y legandaria historia de la bodega más antigua de Andalucía? Entre racimos asoleados y viejas botas te la cuento.

 

BODEGAS ALVEAR

MONTILLA (CÓRDOBA)

 

 

 

Nos trasladamos a Montilla, una de las dos localidades cordobesas consideradas zona de Calidad Superior para la elaboración de vinos de la denominación de origen Montilla-Moriles.

Tierras cuya antigüedad en el cultivo de la vid datan del siglo VIII a.C. como demuestran los restos arqueológicos encontrados en las excavaciones realizadas en el terreno.

Para conocer más a fondo los vinos de esta histórica región vitivinícola visitamos Bodegas Alvear, la bodega más antigua de Andalucía de gran reconocimiento nacional e internacional fundada en 1729.

 

Foto mundo del vino

 

Su histórico edificio del siglo XVIII ubicado en el casco antiguo de Montilla y considerado de interés histórico-artístico nos anticipa la larga historia que guarda esta bodega familiar.

Una interesante historia vitivinícola iniciada en 1729 por Diego de Alvear y Escalera que intentaré resumir a grandes rasgos.

Tras la llegada de Diego Alvear y Escalera a Montilla, se apasionó por el campo y su viticultura. Comenzó a adquirir terreros cercanos y construyó una pequeña bodega para elaborar vino en el casco antiguo. Su hijo Santiago Alvear continuó esta actividad impulsando la comercialización de estos vinos en el mercado inglés a finales de siglo.

Más tarde su nieto Diego de Alvear y Ponce de León, un importante y destacado militar de marina, sería otro de los descendientes relevantes en el desarrollo de la bodega después de atestiguar y sufrir un dramático acontecimiento histórico. La casualidad del destino provocó que Diego de Alvear y Ponce de León en su regreso a España junto a su esposa y sus nueve hijos, viajase por separado con uno de ellos tripulando la fragata Medea mientras que su esposa y el resto de sus hijos lo hicieron en la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. Dicha fragata fue atacada y hundida por los ingleses falleciendo todos los integrantes de la familia que viajaban en la misma. Diego fue hecho prisionero por los ingleses y después de muchas peripecias y litigios, en el año 1817, regresó a Montilla para recoger el legado vitivinícola familiar.

En su retorno a España, además de acompañarle su nueva esposa, se trajo consigo a su asistente Billanueva, persona que se convertiría en su capataz de confianza y que se encargaría de seleccionar los mejores vinos marcando estas botas con sus iniciales C.B. (Capataz Billanueva), seña de identidad personal de la bodega y marca que sigue dando nombre a su emblemático Fino C.B.

Sabina de Alvear, otro de los miembros destacados de esta familia vitivinícola, apostó por la plantación de la variedad Pedro Ximénez en la región. Con esta uva elaboraban vinos de crianzas estáticas y posteriormente fueron los que iniciaron en la zona la crianza de vinos por el sistema de criaderas y soleras como los de jerez.

Con el paso de los años, la tradición familiar se ha transmitido de generación en generación hasta la actualidad.

 

Foto mundo del vino

 

A continuación vamos a descubrir donde nacen sus vinos conocidos mundialmente de la mano de Luis Jiménez Alvear, uno de los miembros de la octava generación al frente de la bodega, Gemma Verdaguer y Patricia Calero.

Para ello nos trasladamos al paraje de Riofrío en la Sierra de Montilla donde se ubican gran parte de sus viñedos. Según ascendemos por la carretera hasta llegar a Cerro Macho, el punto más alto de la sierra, las cepas aumentan su edad de plantación. De los “ruedos” o terrenos rojizos con viñas en espaldera subimos a la cima para admirar las viejas cepas plantadas en vaso en terreno de “albariza”, su característica tierra blanca caliza y pobre.

 

Foto mundo del vino

 

Se trata de viñedos plantados en una región que registra las temperaturas más elevadas en los meses de verano de la península ibérica con una climatología de muchas horas de sol y escasa pluviometría anual, veranos cálidos, largos y secos e inviernos cortos y suaves. Estas severas condiciones durante el periodo de maduración de la uva y sus suelos de albariza marcan el estilo tan personal de los vinos de Montilla-Moriles.

La variedad única de Bodegas Alvear, es la uva reina de la zona: la Pedro Ximénez. Una variedad originaria de la región del Rhin cuya maduración aporta un alto grado alcohólico siendo muy sensible a enfermedades relacionadas con la humedad, por ello la climatología de la zona es perfecta para su plantación.

La uva Pedro Ximénez constituye una de las dos diferencias más marcadas entre los vinos de Montilla-Moriles y los de jerez elaborados estos últimos con la variedad Palomino Fino. Su otra destacada diferencia con los vinos de jerez es la ausencia de fortificación en la elaboración ya que la Pedro Ximénez consigue un alto grado alcohólico de forma natural.

Desde este maravilloso entorno que nos brinda una perfecta visión de la Sierra de Montilla entre extensos olivares y pequeños viñedos donde destacan los pueblos blancos encalados como Aguilar de la Frontera, Montemayor, Arroyo de Benavente .... nos trasladamos a su “pasera”.

 

Foto mundo del vino

 

Las paseras son extensas explanadas donde, una vez vendimiados, se extienden algunos de sus racimos para que se "asoleen" o pasifiquen al sol y con ellos crear sus vinos dulces. Se realiza una selección de los racimos con las uvas más gruesas, para que tengan más zumo y se deshidraten lentamente. Estos permanecerán asoleándose durante varios días volteándolos repetidamente para recibir los rayos del sol por todos los lados hasta su perfecta pasificación.

 

Foto mundo del vino

 

Seguidamente nos dirigimos al Lagar Las Puentes, el lugar donde fermentan los mostos y se crían sus vinos en enormes tinajas de hormigón de 3.000 y 4.000 litros. Vinos que crearán su característico “velo de flor”, el peculiar proceso biológico que desarrollan en la superficie del vino las levaduras autóctonas durante la crianza, formando una capa blanquecina que protege al vino y le aporta unos aromas y sabores únicos y particulares.

Entre intensos aromas recorremos una de las salas en la que, en tinajas de 4.000 litros, envejecen sus vinos dulces de Pedro Ximénez. Elaborados con el escaso néctar que dejan los racimos que han perdido la mitad de su peso al pasificarse en las paseras permanecerán en ellas unos dos años. Una vez terminado este periodo estos vinos sin filtrar serán clasificados para su embotellado o envejecimiento en las legendarias botas de la bodega.

 

Foto mundo del vino

 

Y de la naturaleza en estado puro que nos brinda el paisaje nos transportamos en el tiempo a sus históricas bodegas que guardan las soleras más antiguas de la zona.

Visitamos Bodega Las Higueras donde el enólogo Bernardo Lucena nos da a conocer el lento envejecimiento que adquieren sus Pedro Ximénez durante largos años en viejas botas.

Desde las botas catamos distintas añadas de su PX comenzando por el de seis años de crianza con notas de pasas y avellanas y finalizando con el envejecido desde 1999 mucho más complejo y denso con aromas más balsámicos, descubriendo todo un amplio abanico de matices y densidades adquiridos con el paso de los años.

 

Foto mundo del vino

 

A continuación nos dirigimos a Bodega Las Mercedes, la bodega a la que se trasladó Alvear en 1920 y donde envejece por el sistema de criaderas y soleras su emblemático Fino C.B.

Un sistema de criaderas y soleras que condensa en viejas botas la sabiduría piramidalmente empujando y avanzando los vinos por las distintas Criaderas hasta llegar a la Solera, la bota más antigua que se encuentra pegada al suelo.

Recorremos sus “andanas” o pasillos donde permanecen los “cachones” o filas de botas por el sistema de criaderas y soleras. Una bodega con largas columnas y altos techos de tejas que mantiene la temperatura estable tal y como necesita el característico “velo de flor” en la crianza biológica de sus Finos.

 

Foto mundo del vino

 

También visitamos la Bodega Trabajadero en la que envejecen sus Olorosos y Amontillados. El amontillado debe su nombre al transporte de vinos que realizaban hace siglos desde Montilla a Jerez. En este trayecto y debido al movimiento, perdían su velo de flor y decían que se habían “amontillado”.

La arquitectura de esta bodega es similar a la anterior salvo por el componente de sus techos que provoca cambios bruscos de temperatura para facilitar la crianza oxidativa de estas joyas enológicas.

 

Foto mundo del vino

 

Una vez visto todo el proceso de elaboración y crianza cataremos las tres líneas de vinos que elabora Bodegas Alvear siempre con la variedad Pedro Ximénez.

Su nuevo proyecto Tres Miradas crea vinos tranquilos de parcelas escogidas para romper sutilmente con lo tradicional sin perder su identidad. Vinos jóvenes con varios meses de crianza bajo velo de flor en tinajas de hormigón.

Tres Miradas 2018. Un PX que plasma el entorno de la sierra de Montilla por estar elaborado con una pequeña parte de las distintas parcelas situadas en la zona alta de la sierra. Su crianza durante ocho meses en tinajas de hormigón bajo velo de flor le aporta potencia aromática y notas de fruta blanca madura sobresaliendo la manzana.

Cerro Macho 2018. La misma elaboración que el anterior y creado con una única parcela de la zona más alta de la sierra le aporta unos matices más golosos resaltando las notas de levaduras.

 

Otra de sus líneas que pronto saldrá al mercado son los PX de baja graduación. Vinos que por su bajo grado de alcohol, entre 12 y 13 grados, crearán un velo de flor mucho más ligero que le aportará sus matices inconfundibles conservando un carácter más fresco y fácil de beber.

 

Marqués de la Sierra es el único vino que su crianza se realiza únicamente en acero inoxidable. En él sobresalen las notas frutales y la mineralidad de sus suelos de albariza.

 

Foto mundo del vino

 

Una muestra de su amplia gama de vinos tradicionales:

Fino C.B. El envejecimiento por el sistema de criaderas y solera durante seis años bajo velo de flor le aporta matices balsámicos con notas de panadería y almendra amarga.

Amontillado Carlos VII Alvear. Sus más de 15 años de envejecimiento crea un vino muy punzante y balsámico con matices muy notables a frutos secos.

Oloroso Asunción Alvear. Otra de sus elegantes joyas envejecida durante 12 años en sus viejas botas por el sistema de criaderas y soleras que le aportan notas dulces a uvas pasas, almendras tostadas y pinceladas balsámicas.

Alvear PX de Añada 2015. Vino dulce creado con sus racimos asoleados y cuya corta crianza le confiere notas de frutas pasificadas y mermeladas de cítricos.

Alvear PX 1927. Otro de sus emblemáticos vinos dulces envejecido por el sistema de criaderas y soleras durante más de cinco años. Muy potente de notas torrefactas y recuerdos de bollería.

 

Foto mundo del vino

 

Únicamente me queda agradecer a la familia Alvear y su equipo la oportunidad que me ha brindado de descubrir la esencia de Montilla-Moriles. Un singular terreno de albariza donde nacen sus vinos y terminarán envejeciendo durante largos años entre muros con siglos de historia.

Bebiendo leyendas !!!!

 

 

 

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