Publicado el 10 de Enero de 2022
UN VIAJE POR JUMILLA A TRAVÉS DE SUS BODEGAS
(JUMILLA)
Nos adentramos en la zona vitivinícola de Jumilla para conocer a fondo su historia, entorno, cultura, gastronomía y vinos en un paisaje que reune los tres elementos principales de esta región: viñedos, olivos y almendros.
La Denominación de Origen Jumilla abarca municipios de las provincias de Albacete y Murcia en una zona donde ya se cultivaba viñedo hace miles de años y este legado vitivinícola se sigue reflejando actualmente en su entorno mediante su gran extensión de viñedos de pie franco y cepas que están protagonizadas por racimos de su uva reina: la Monastrell.
Jumilla sigue guardando una herencia histórica y tradicional exhibiendo un enorme respeto a sus señas de identidad y un gran apego a sus raíces. Esta región muestra orgullosa su pasado hasta en los más mínimos detalles pero a la vez concentra la mirada en el futuro adaptando su vitivinicultura a la moderna tecnología sin olvidar sus orígenes y así mostrar la excelencia de su terruño.
Y esta cultura vitivinícola que aúna el pasado y el presente de Jumilla lo apreciamos en nuestra visita al Museo Casa de la Ermita donde se entrelaza la historia de dos reconocidas bodegas jumillanas: Hacienda del Carche y Casa la Ermita aunadas en el grupo bodeguero Esencia Wines.
A través de este museo y a los pies del Parque Regional de la Sierra del Carche conocemos amena y didácticamente la historia y la cultura del vino de la región. Para ello traspasamos un gigantesco tonel que nos transporta al siglo XIX mostrándonos la evolución de la viticultura y enología durante siglos con magníficas escenificaciones y antiguos aperos.
Y, una vez inmiscuidos en la historia de Jumilla, qué mejor que terminar esta visita en su coqueta Sala de Catas donde tenemos la oportunidad de probar sus vinos.
Seguidamente iniciamos la visita a algunas de las bodegas jumillanas para vivir las distintas experiencias y vivencias que ofrecen teniendo como hilo conductor el vino.
Nuestro itinerario comienza en la Bodega Viña Elena, conociendo la variedad reina jumillana: la uva Monastrell. Esta bodega de la familia Pacheco emprendió su historia con el abuelo Francisco al comprar la finca y descubrir un antiguo lagar de piedra que todavía conservaba viejas botas con antiguas soleras y grandes fudres donde habían elaborado vinagre.
Un coqueto lagar que ha sido actualmente restaurado en el que se respiran todavía los aromas de las viejas soleras.
Paseamos entre algunos de sus viñedos de la uva Monastrell que aúnan la trilogía murciana: cepas, olivos y almendros conociendo su filosofía de elaboración basada en el “respeto al origen, a las tradiciones y a sus antepasados”.
Este respeto al origen lo observamos en sus viñedos de Monastrell plantados a las faldas de las montañas en vaso como antiguamente y con certificación ecológica para reflejar su esencia pura en un suelo de cantos erosionados que han caído de estas montañas durante siglos. Un suelo complicado para trabajar aunque por otra parte este pedernal hace que el terreno esté muy drenado y tenga las condiciones más idóneas para el desarrollo de esta variedad.
Desde su bodega pudimos disfrutar de sus novedosas elaboraciones como un Airén creado con un ligero velo de flor en damajuanas durante 8 meses.
Otra de las características más singulares de los viñedos de la región de Jumilla, es el tipo de plantación en pie franco que lo descubriremos a través de Bodega Pio del Ramo. Muy pocas zonas europeas cuentan actualmente con este tipo de plantación que consiste en introducir el sarmiento directamente en el terreno y únicamente lo conservan viejas plantaciones que sobrevivieron a la enfermedad de la filoxera.
Esta era la forma habitual de plantación hace muchos años pero, debido a la plaga del insecto filoxera que arrasó prácticamente todos los viñedos de Europa a finales del siglos XIX, en las nuevas plantaciones está totalmente prohibida y cualquier sarmiento a plantar tiene que ir injertado en un “porta injerto” o “pie americano” para que la parte de la raíz sea de cepa americana que es inmune a esta plaga.
En este tipo de plantación constatamos la antigüedad de sus viejas cepas y la excelencia que reflejan en sus vinos ya que estas plantas nos muestran la pureza de la variedad al no tener el “porta injertos”.
La bodega apuesta por la ecología y también por la crianza en hormigón para no restar a estas viejas cepas ni un ápice de su pureza.
Como singularidad catamos su Verdejo Mediterráneo 2020 que nos muestra las características de la verdejo en este entorno.
Otra de las curiosidades de la viticultura jumillana la descubrimos a través de Bodegas Olivares y esta es la plantación de Murón.
Para ello nos desplazamos a sus viñedos y entre cepas de Monastrell prefiloxéricas y viñedos de Garnacha Tinta conocemos la singularidad de estas variedades entre aromas a tomillo y romero que desprenden la diversidad de plantas silvestres que las rodean.
Viñedos bordeados de pinares en un terreno cuyos fósiles nos demuestran que estas tierras estuvieron sumergidas bajo el mar hace milenios.
Entre sus cepas conocemos el sistema de replantación “murón” o “marcottage”. Un tipo de plantación en la que se introduce en el suelo un sarmiento de una cepa ya plantada en el viñedo y, a partir de ahí, se guía el sarmiento para que salga a la superficie en el lugar contiguo. Esta rama seguirá unida a la cepa original durante años hasta que sus raíces sean fuertes y pueda defenderse de forma autónoma.
Este sistema ha sido prácticamente abandonado por su lento proceso pero, a la vez, es la única forma de asegurar ese legado de viejas e históricas cepas de pie franco del que disponen.
Desde este magnífico lugar rodeado de pinares y plantas aromáticas pudimos saborear sus vinos.
Nuestro camino por tierras jumillanas nos lleva a conocer la cooperativa BSI o Bodega San Isidro. Su arquitectura exterior de líneas prácticas y funcionales no anticipa lo sorprendente de su interior.
Esta bodega es un claro ejemplo del gran espaldarazo que han dado las cooperativas hoy en día en busca de la calidad y la vanguardia tanto en vinos como en arquitectura.
La cooperativa se fundó en 1934 y está compuesta por 400 familias que aunaron sus esfuerzos para plasmar las señas de identidad de sus distintos viñedos a través de los vinos.
Nos adentramos entre sus muros sorprendiéndonos de su sala de crianza. En ella, los arcos de sus altos techos con largas columnas y la distribución de sus barricas nos trasladan por un momento a una de las magníficas “catedrales del vino” del Marco de Jerez.
Sus depósitos de cemento donde guardan el vino también son vanguardistas y están diseñados en forma de pirámide invertida para así facilitar el desfangado. Cada uno de ellos está pintado de un color diferente simulando entre ellos un código de barras.
Esta edificación también alberga un interesante Museo que nos muestra la tradición e historia del vino a través de antiguos aperos. Observando este magnífico lugar y entre las innumerables barricas que atesora esta “catedral del vino” pudimos catar las diferentes líneas que elaboran como Numun, la línea ecológica que se recoge con vendimia nocturna, o la gama Gemina que se elabora con viñedos seleccionados de pie franco.
Nuestra ruta continua por Bodegas Luzón, una de las bodegas históricas de la Denominación de Origen que nos sumerge en la historia de Jumilla a través de las cavas subterráneas donde envejecen sus vinos.
Su historia comenzó en 1840 y la descubrimos entre profundos túneles donde las botellas permanecen en altos muros y las barricas están resguardadas en salas en las que los vinos se conservan con temperatura constante de forma natural.
Accedemos al Santuario donde atesoran las últimas botellas de cada añada en pequeños nichos acercándonos a la “Catedral”, lugar en el que podemos contemplar en el techo los antiguos orificios por los que se descargaba la uva y se llenaban sus grandes depósitos de cemento hasta arriba de racimos hace siglos. Actualmente se conservan los arcos que separaban estos enormes depósitos y el efecto con las barricas que allí permanecen le da un aspecto muy especial.
El vino Altos de Luzón es su buque insignia. En él la uva Monastrell ofrece un abanico de matices por las distintas altitudes donde nacen sus cepas.
También pudimos catar su Colección Monastrell 2020 de varios parajes o el vino de línea más moderna Por ti cuya etiqueta con el texto “Eres lo que jamás soñé, lo que nunca creí merecer” y una imagen que arroja lágrimas grises que se vuelven azules cuando el vino está a la temperatura perfecta, homenajea a esas emociones que nos proporcionan los seres queridos.
Otra de las actividades imprescindibles de esta región es disfrutar de sus vinos armonizados con la elaborada gastronomía jumillana de alto nivel. Para ello, la Bodega Madrid Romero ofrece en un entorno único, una de las mejores experiencias acompañando sus vinos de alta calidad con una sofisticada gastronomía que despierta los cinco sentidos.
Madrid Romero está enclavada en el Valle del Carche, un paraje natural protegido, donde su excelente paisaje entre viñedos y olivares es el entorno ideal para despertar nuestros sentidos a través de experiencias sensoriales.
Compuesta por una arquitectura minimalista y vanguardista recrea los sabores mediterráneos conjugando sus vinos con la alta gastronomía jumillana de producto local.
Todo esto nos produce una experiencia sensorial que se detecta a cada paso y en cada detalle de la bodega, incluidas las etiquetas de sus vinos que se han creado para tocarlas y palparlas .
Y del vanguardismo y sofisticación sensorial de Bodegas Madrid Romero nos trasladamos en el tiempo a las raíces más tradicionales de Jumilla con la Bodega Silvano García, situada en el casco histórico del pueblo de Jumilla en el que “en cada botella de vino hay una historia que contar”, historia que se inició en el año 1925.
Paseando por el importante conjunto histórico de Jumilla llegamos a la Bodega Silvano Garcia.
Actualmente posee nuevas instalaciones pero sigue conservando esta histórica bodega para poder disfrutar, entre muros con siglos de historia, de sus vinos protagonizados por la uva Monastrell y conocer sus elaboraciones entre antiguos depósitos de cemento y los altos techos de cañizo de sus inicios.
Y para descansar en tierras jumillanas, qué mejor que realizarlo en el excepcional entorno de la bodega Enoturismo Mainetes entre viñedos, almendros, olivos y pinares.
En el corazón de esta bodega y en plena naturaleza disfrutamos de su hotel rural con una arquitectura tradicional y donde cada habitación está inspirada en la vid e invita a desconectar y aislarnos del mundanal ruido.
Esta antigua casa de labranza del siglo XIX es el lugar idóneo para respirar aire puro y descubrir el viñedo en cada estación amaneciendo entre cepas. Entre chimeneas para el invierno y piscina y barbacoa para el verano podemos disfrutar de las experiencias que nos ofrece su entorno, las sesiones de vinoterapia y la gastronomía tradicional que han recuperado de nuestras abuelas como por ejemplo su magnífico “arroz tradicional”.
En este paisaje privilegiado catamos sus vinos de parcela Crátera, nombre que recibían antiguamente las vasijas y que reflejan las particularidades naturales de cada viñedo.
Desde aquí, únicamente me queda animaros a conocer esta excepcional región vitícola qué, como ellos mismos me cuentan, el vino estuvo siempre en su historia, en su clima y en sus manos … únicamente había que elaborarlo y plasmarlo en una copa. Por ello en Jumilla … el vino es principio y es final.
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