Publicado el 08 de Noviembre de 2021
COLMENAR DE OREJA
LA CIUDAD DEL VINO DE MADRID
Madrid es tierra de vinos desde hace siglos y nos lo demuestran sus actuales subzonas que dividen la Denominación de Origen Vinos de Madrid. Estas son: Arganda, Navalcarnero, El Molar y San Martín de Valdeiglesias.
Dentro de estas subzonas muy diferenciadas por su particular orografía, climatología e historia, la Comunidad de Madrid cuenta con una Ciudad del Vino: Colmenar de Oreja.
Colmenar de Oreja pertenece a la subzona de Arganda y está bañada por los ríos Tajuña y Henares. Su amplio patrimonio histórico y sus ancestrales cuevas del vino han sido declaradas Bien de Interés Cultural del Conjunto Histórico Artístico.
Esta localidad lleva siglos íntimamente ligada al vino y esto lo corroboran sus antiguas casas de labranza. Estas contaban con su propia bodega y cueva subterránea construida y agrandada poco a poco y a base de pico y pala en las jornadas en que la climatología impedía acudir a trabajar los cultivos a sus moradores. Las cuevas están compuestas por la famosa piedra caliza de Colmenar de Oreja, reconocido material usado en ilustres construcciones como la fuente de Cibeles, el Palacio de Aranjuez o el Palacio de Oriente.
Esta histórica piedra caliza, la fabricación de tinajas de barro que se remonta a tiempos remotos llegando a ser la principal proveedora a todas las zonas vinícolas del país y sus reconocidos vinos son los tres elementos primordiales de su pasado y actualmente siguen siendo la seña de identidad de su declarada Ciudad del Vino.
Realizamos una visita por esta Ciudad del Vino de Madrid a través de su rico patrimonio histórico y nos adentraremos en sus bodegas con antiguas cuevas subterráneas en las que, en muchas de ellas, todavía reposan grandes tinajas de barro centenarias donde elaboran y envejecen sus vinos artesanales.
Nuestra ruta comienza en la Plaza Mayor, una plaza castellana porticada y asentada sobre un túnel de piedra que tardó más de un siglo en finalizar su construcción y que constituye un bello complejo arquitectónico rodeado de balconadas de madera bajo los graderíos.
En el casco antiguo y paseando entre su amplia riqueza arquitectónica y cultural visitamos algunas de las nueve bodegas que forman parte de esta localidad en un entorno de viñas donde la uva Tempranillo en tintas y la uva blanca Malvar son sus variedades reinas.
Este recorrido tendrá como hilo conductor sus tres principales elementos: las tinajas de barro, la caliza de sus cuevas y el vino. Para ello nos adentraremos en algunas de sus cuevas subterráneas centenarias donde a varios metros de profundidad elaboran y envejecen sus vinos en antiguas tinajas de barro. Una elaboración tradicional que han sabido fusionar con la incorporación de los últimos avances tecnológicos pero manteniendo la esencia de su identidad.
La identidad de sus vinos comienza con la crianza en antiguas cuevas de paredes calizas que les permiten envejecer lentamente y permanecer con temperatura constante de forma natural.
Las tinajas aportan un valor añadido que marca su personalidad. La porosidad del barro permite controlar la temperatura y conservar el vino respetando y manteniendo el sabor varietal de la uva y, a la vez, disminuye el amargor de los taninos mejorando y estabilizando la percepción en boca.
Con estos elementos consiguen vinos frescos y muy aromáticos de ciclo corto.
La primera parada la realizaremos en Bodegas Peral, bodega familiar que ha querido retomar antiguas tradiciones vinícolas como la “sobremadre”, siendo una de las escasísimas bodegas en España que realizan este tipo de elaboración.
Sumergidos en un maravilloso laberinto subterráneo construido en 1882 y entre grandes tinajas que datan del mismo año, conocemos la “sobremadre” a través de sus vinos Sobremadre Clarete y Sobremadre Blanco, una tradicional elaboración consistente en fermentar el mosto con parte de los hollejos. Finalizada esta fermentación el vino sigue reposando con los hollejos o la “madre” durante varios meses hasta el momento del embotellado.
Nuestra ruta continua entre siglos de historia subterránea con una nueva incursión en otra de sus históricas cuevas. Esta vez los muros que pertenecieron a un antiguo convento franciscano del siglo XVI atesoran numerosas botellas que realizan un lento envejecimiento debido a la humedad que desprenden sus paredes calizas.
Nos encontramos en la Bodega Jesús Díaz e Hijos en la que a varios metros de profundidad y sobre grandes tinajas de barro de seis mil litros construidas en 1906 y 1907 elaboran vinos blancos y rosados.
Entre estos muros que rezuman historia pudimos observar la crianza que realizan sus botellas de vino espumoso colocadas en posición de punta. Uno de los escasos vinos espumosos madrileños y cuya elaboración es artesanal desde el inicio hasta su removido y posterior degüelle.
Concluimos en Bodegas y Viñedos Pedro García fundada en 1931 por una familia de viticultores cuya tercera generación se sitúa al frente de la bodega. Su cueva subterránea que data del siglo XVII ha sido restaurada de forma que las personas con movilidad reducida puedan disfrutar igualmente de este histórico lugar a varios metros de profundidad. Entre enormes tinajas de barro centenarias que siguen conservando el encanto de antaño disfrutamos de otro de los escasos vinos espumosos que se elaboran en Madrid: Pedro García Brut Nature.
Os animo a visitar Colmenar de Oreja, la única Ciudad del Vino madrileña.
No dejéis de pasear por su casco antiguo e involucraros en la tradición e historia que desprende la riqueza cultural y arquitectónica de la localidad. Desde aquí os invito también a adentraros en sus bodegas que, a través de ancestrales cuevas subterráneas y tinajas de barro centenarias, nos reflejan la artesanía y personalidad de sus excepcionales vinos.
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