Publicado el 06 de Noviembre de 2025
LA MAGIA DE DEHESA DE ITUERO ENTRE VIÑAS, VACAS MORUCHAS Y CERDOS IBÉRICOS
EL CUBO DE DON SANCHO (SALAMANCA)
Hay lugares a los que siempre deseo volver y la Bodega Dehesa de Ituero es uno de ellos. Regreso a esta finca que ya me enamoró en mi primera visita y he vuelto a comprobar cómo el tiempo y la vida en esta privilegiada dehesa salmantina sigue su curso entre robles, encinas y una magnífica ganadería.
En pleno término municipal de El Cubo de Don Sancho, sobre lo que fue el antiguo pueblo de Ituero de Huedra, se alza esta finca familiar que hoy en día cuenta con casi mil hectáreas de naturaleza viva. Este paisaje atesora algo más de dos hectáreas de viña que dan vida a sus vinos entre vacas moruchas y cerdos ibéricos que pastan en libertad en praderas que parecen infinitas.
Para preservar el patrimonio rural de esta dehesa, Ezequiel Pérez Villoria decidió volver a sus raíces en el año 1990 junto con su esposa Teresa. Allí restauraron las antiguas casas del pueblo y muchas de las viviendas de antiguos trabajadores que se encuentran salpicadas por la finca respetando su autenticidad arquitectónica y adaptándolas con mimo para convertirlas en casas rurales y así disfrutar del entorno con todas las comodidades actuales.
Entre los edificios que conservan el alma del pasado destaca la Iglesia de Ituero, una joya arquitectónica construida en el siglo XVI que ha sido restaurada y que hoy sigue presidiendo la finca como testigo silencioso del paso del tiempo.
Nada más llegar, lo primero que llama la atención es un nuevo y pequeño aviario que nos da la bienvenida entre tórtolas, palomas mensajeras, perdices rojas, faisanes y diversas aves que revolotean en este lugar.
Nuestro recorrido comienza junto a Ezequiel, dueño de la finca y conocedor de cada rincón de este paraje que parece no tener fin.
A medida que avanzamos más de 400 vacas moruchas nos acompañan entre robles, encinas y praderas representando el emblema de la finca y el reflejo de una ganadería regenerativa. Este modelo busca devolver vida al suelo y al ecosistema a través del pastoreo natural, el equilibrio entre especies y el respeto por los ciclos de la tierra.
Ezequiel me explica que la Morucha es una raza vacuna autóctona salmantina fuerte, sobria y elegante. Su carne de gran calidad y potente sabor es fruto del esfuerzo y de un sistema extensivo donde los animales viven en libertad. “Aquí todo se cría con calma y con respeto”, me dice con orgullo.
Seguimos camino hasta el río Huebra, límite natural de la finca, donde el agua serpentea entre cangrejos. En sus orillas más de 250 ejemplares de cerdos ibéricos recorren sus encinares en busca de bellotas durante la montanera y se acercan a beber. Un espectáculo de naturaleza entre animales libres en un sensacional paisaje que parece sacado de otro tiempo.
Y es precisamente por esa excepcional calidad de su ganadería cuando en una sobremesa del verano de 2006 surge la chispa que encendería un nuevo sueño. Ezequiel y Teresa rodeados de amigos y de los embutidos ibéricos elaborados en la finca se dieron cuenta de que el vino que los acompañaba no estaba a la altura de sus productos. Aquella conversación fue el origen de la Bodega Dehesa de Ituero para dar voz a esta tierra a través de un vino que la representara.
A partir de aquí y con la ayuda de expertos viticultores eligieron el mejor paraje elevado rodeado de encinas y allí plantaron dos hectáreas y media de Syrah, Tempranillo y Merlot para sus tintos y las variedades Viognier y Verdejo para sus blancos.
La bodega se crea en lo que fue el antiguo pajar construido en 1907 y que conserva el alma de piedra y madera de su estructura original. Aquí todo está pensado con precisión a pequeña escala para elaborar vinos de producción limitada con identidad y con respeto absoluto a su entorno.
Accedemos al antiguo comedero de bueyes que hoy se ha transformado en la Sala de Barricas donde los vinos envejecen entre muros de piedra y altos techos de madera. Las antiguas argollas y los comederos originales de los animales siguen allí conviviendo actualmente con la crianza de sus vinos.
En este lugar tan auténtico catamos sus vinos. Comenzamos por Dehesa de Ituero Blanco de variedades blancas Verdejo y Viognier, continuamos por Dehesa de Ituero Rosado fruto del sangrado de sus uvas tintas y finalizamos con sus tintos salmantinos elaborados con las variedades Syrah, Merlot y Tempranillo. Estos vinos no buscan potencia sino mostrar la autenticidad del lugar: frescos, suaves y con taninos redondos para armonizar con sus embutidos y carnes de vaca morucha.
Desde aquí, me pude despedir de Ezequiel y Teresa con el alma llena de naturaleza y de vino. Me encantó volver a sentir que en esta finca no se busca la grandeza del artificio sino la autenticidad de lo esencial porque en este lugar la vida fluye a ritmo pausado. Un lugar donde sin duda quiero volver!!!
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