La primera ciudad de Europa y el vino, fue Cádiz.


Publicado el 05 de Junio de 2019


La primera ciudad de Europa y el vino, fue Cádiz.

Ahora en Catadelvino.com pretendemos reconstruir el itinerario de las antiguas rutas del vino fenicio, para no quedarnos rezagados y opacados ante la meteórica recuperación de la ruta de la seda en China. Autor: Guillermo César Gómez

También es oportuno traer a la memoria de los lectores que la palabra España viene del fenicio "i-schphannim" y que significa "Isla de Conejos".

Todos los mortales nos merecemos antes de morir un soleado día fenicio en la antiquísima y admiradísima España, cuna de la civilización europea.


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Sí señor, la primera ciudad de Europa fue Cádiz, y fue fundada en una isla alargada que estaba en el desconocido y agitado Atlántico.

Cádiz ya poseía un estridente puerto lleno de ánforas púnicas con vinos, aceites y endulces, cuando faltaban siglos para que Rómulo fundara la vanidosa Roma.

Ya pisando la tierra de la primera civilización de Europa, iré con mis ficciones y devaneos como un alto dignatario envuelto en una túnica purpura fenicia a la primera cantina, para exigir al mercader de turno el vino blanco milenario, el famoso 'Cherem' de los cananeos.


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Sepa el curioso lector que los expertos fenicios evitaban la oxidación del vino (como todavía se practica en algunas vetustas bodegas) con una capa de aceite de oliva en la superficie, seguido de un sello de madera de pino y resina, y bien puede ser este el origen exótico y remoto del gusto griego por el rosado vino retisna.

Este mismo Cherem fenicio que me juré beber en Cádiz, llegaba miles de años atrás por el Nilo para las bocas de los faraones de Egipto, es decir, al saborear la bebida de los dioses me miraran con recelo las solitarias estrellas del Nilo.


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Los marineros griegos manifestaban sorprendidos y a los gritos en los precarios puertos de playa que las míticas gadeiras fenicias estaban constituidas por tres misteriosas islas que estaban más allá de las remotas columnas de Hércules, y que una de las islas se llamaba Erytheia, y que allíera venerada la poderosa diosa Astarté.

Astarté estaba relacionada con tres entidades explosivas: la fertilidad de la vida, la sexualidad de la tentación carnal y la sanguinolenta guerra. Su símbolo era el león, el caballo, la paloma y la estrella. El lucero estaba dentro de un misterioso disco que representaba al planeta Venus.


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Las representaciones osadas de la diosa semíticala solían exponer desnuda, y fue conocida por los sedientos y afligidos argonautas como la estrella del alba deificada.


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Como no beber un vino y comer unas salazones fenicias en la Kotinussadel dios Baal Hamon, donde su milenario protector fueMelgart.

 Que la vida me regale un amanecer fenicio, pues ambiciono transitar descalzo y plácidamente por la Caleta de Cádiz, quiero dejar mis efímeras huellas en esa playa antiquísima donde desembarcaron por siglos ávidos fenicios, exasperados griegos y jadeantes romanos.

En Cádiz quiero reiniciar mi vida espiritual con un vino blanco de los orígenes, y entender el paso de mi especie por la afligida existencia con un prisma renacentista.


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El vino Cherem fenicio estuvo asociado a varias deidades levantinas, primordialmente Él. En la mitología cananea‘’Él’’ era la deidad principal y se lo llamaba padre de todos los dioses.

¿Qué más puede pedir un solitario viajero? ¿Qué más puede demandar un ermitaño y sediento peregrino? que no sea beber en la cuna de Cádiz el vino del precursor de los dioses de oriente…


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