Mahou en botas de Amontillado, Palo Cortado y Pedro Ximénez


Publicado el 11 de Junio de 2019


Mahou en botas de Amontillado, Palo Cortado y Pedro Ximénez

Mahou, una cervecera que comenzó su trayectoria muy ligada a la historia de Madrid ha querido rendir un homenaje a sus orígenes elaborando cervezas en barricas de roble como se transportaban en sus inicios en el año 1890.

 

MAHOU-FUSIÓN DEL VINO CON LA CERVEZA

ALOVERA (GUADALAJARA)

 

Hace pocos meses descubrí una línea de cervezas que, por su singularidad y mi curiosidad, quise conocer su elaboración ya que estaban criadas durante meses en barricas de roble y algunas otras en viejas botas de Amontillado, Palo Cortado y Pedro Ximénez.

Una curiosidad que me llevó a descubrir que la cervecera familiar Mahou tiene una larga y exitosa historia y con esta nueva línea de cervezas ha querido rendir un homenaje a sus orígenes que se remontan al año 1890 en el que transportaban sus cervezas en barricas.

Casimiro Mahou fue su fundador y actualmente la sexta y séptima generación familiar son los que se encuentran al frente de la cervecera.

 

 

 

La cerveza tiene sus inicios, según restos arqueológicos descubiertos, en el IV milenio a.C. aunque se presupone que su comienzo pudo ser entre 10.000 y 6.000 años a.C. Lo que hoy conocemos como una bebida refrescante era en sus inicios una sopa caliente y fermentada resultante de la mezcla de cereales y frutos que embriagaba y era utilizada para rituales.

Una bebida que por lo tanto fue evolucionando a través de los siglos y que, la cerveza tal y como la conocemos actualmente, fue introducida en nuestro país por Carlos I de España y V de Alemania conocido como el "Emperador Cervecero", nieto de Isabel la Católica, que a su llegada a la península hizo traer a la corte española a maestros cerveceros.

La cerveza fue considerada bebida de reyes y de la nobleza hasta mediados del siglo XIX cuando comenzó a disfrutarla el pueblo llano.

 

 

 

 

Me desplazo a Alovera en la provincia de Guadalajara, donde se encuentra la fábrica central de Mahou desde el año 1993 para conocer su elaboración y la historia de esta cervecera de la mano de Alejo Girón, maestro cervecero y responsable de la elaboración de nuevos productos y de Juan Miguel López-Gil coordinador de innovación y premium.

 

 

 

 

Al llegar a Mahou, lo primero que llama la atención es un alto edificio rojo que preside la cervecera con la imagen de dos botellines de sus cervezas clásicas. Este edificio es el silo donde almacenan las diferentes maltas que utilizan para la elaboración de sus cervezas.

Un silo del que salen las cintas transportadoras que dirigen las maltas hacia la zona de elaboración.

 

 

 

 

Con Alejo y Juan Miguel comenzamos el recorrido por esta cervecera donde absolutamente todo el proceso está automatizado, mecanizado y precintado para que ningún agente externo pueda contaminar la elaboración.

 

 

 

 

Nuestra visita comienza descubriendo los inicios de la cerveza y conociendo la historia de la familia Mahou en España que se inició en el año 1850 cuando Casimiro Mahou llegó desde Alsacia a Madrid y fundó una fábrica de papeles pintados en el calle Amaniel.

Una fábrica que en el año 1890 se reconvirtió en la Fabrica de Hielo y Cervezas Mahou elaborando cervezas que eran transportadas en barricas o barriles de madera sobre carros tirados por mulas.

 

 

 

 

Esta fabrica fue diseñada por los arquitectos José López Salaberry y Andrés Octavio creadores también del trazado de la nueva Gran Vía de Madrid a principios del siglo XX.

Esto supone un gran avance ya que hasta la creación de la fábrica de hielo, este se almacenaba en pozos que se encontraban en la Glorieta de Bilbao donde se depositaba el agua procedente de la sierra madrileña.

 

 

 

 

Seguimos nuestro recorrido entre enormes depósitos de acero inoxidable donde el grano, una vez roto y algo descascarillado sigue su camino hasta la sala de cocción en la que estos grandes depósitos se encargan de macerar la cebada con agua y altas temperaturas para que el grano germine y pueda extraerse el almidón que liberará los azúcares que más tarde se convertirán en alcohol.

Mientras, vamos descubriendo su historia y las distintas curiosidades. Por ejemplo, el tapón de corcho que se utilizó hasta el año 1907  fue sustituido por tapones de corona o chapas constituyendo el principal entretenimiento de los niños durante muchas generaciones.

O la revolución que supuso en el mercado la incorporación en los años 60 de Cornelius, el primer grifo con serpentín de acero inoxidable introducido en España cuando antes se enfriaba la cerveza con el serpentín envuelto en hielo y sal.

 

 

 

 

Nos trasladamos a la siguiente nave donde una vez extraído el mosto separarán la parte sólida del líquido en depósitos de 120.000 litros e incorporarán el lúpulo, el ingrediente esencial que aporta el sabor amargo y el aroma característico de la cerveza. Un pequeño fruto en forma de alcachofa que se extrae de una planta trepadora llegando a alcanzar entre 7 u 8 metros de altitud.

Un enfriamiento rápido del mosto y la inoculación de levaduras, previamente preseleccionadas de los distintos tanques dependiendo de la cerveza a elaborar, será el siguiente paso donde en otros grandes tanques tendrá lugar la fermentación y maduración antes de llevarla a criar en las barricas de roble.

 

 

 

 

Proseguimos nuestro camino conociendo más datos de la historia de Mahou como el lanzamiento de su famoso “Botijo”, nombre que recibió la emblemática botella de Mahou de 20cl que salió al mercado en el año 1962 como celebración de su traslado desde la calle Amaniel al nuevo complejo cervecero en el Paseo Imperial.

En ese mismo año los barriles de madera dieron paso a los modernos barriles de metal y posteriormente aparecerían la mítica Mahou Cinco Estrellas en el año 1969 y un año más tarde la Botella de Litro.

 

 

 

 

Recientemente Mahou ha querido realizar un homenaje a sus orígenes y para descubrirlo nos trasladamos al edificio donde se crían sus cervezas en barricas de roble. Un edificio de ladrillo cuya arquitectura imita a la primera fábrica, en cuya fachada se encuentra la placa de la calle Amaniel, guarda las barricas donde envejecen sus cervezas.

Estas cervezas comenzaron su historia en el año 2015 con una pequeña producción como conmemoración a su 125 aniversario. Almayso, una cerveza envejecida durante 18 meses en barrica de roble francés cuyo nombre es el estudio fotográfico fundado por Alfredo Mahou y Solana, primogénito del fundador Casimino Mahou y al que se rinde un homenaje.

 

 

 

 

Más tarde en 2016 saldría su línea de envejecimiento en barricas nuevas: Mahou Barrica 4 meses en barrica de roble americano y Mahou Barrica 12 meses en roble francés.

Posteriormente en 2017 saldría al mercado su primera cerveza envejecida en barrica de Bourbon.

Nos introducimos en la Sala de Barricas donde los altos techos de madera guardan las barricas de roble y las viejas botas que contuvieron Amontillado, Palo Cortado y Pedro Ximenez y en las que envejecen sus cervezas. Unas botas con historia que llevan sus matices recibidos con los años a la cerveza.

 

 

 

 

A través de un enorme tanque de cobre de elaboración de cerveza nos adentramos en la Sala de Catas donde vamos a disfrutar de este regreso a los orígenes de la cerveza.

Nota de Catas:

Mahou Barrica. Una cerveza con tres meses en barricas le aporta ligeros toques de cereales con notas tostadas por su crianza en madera.

Mahou 12 Meses. Doce meses en barrica de roble francés transfieren notas de frutos secos, miel y vainilla a esta cerveza.

Mahou Bourbon. Envejecida en barricas de Bourbon que proporcionan a esta cerveza notas de caramelo y fruta blanca madura.

Alhambra Amontillado. Una cerveza envejecida en botas que contuvieron Amontillado y que aportan un final amargo y a la vez dulce con notas ajerezadas y toques de uvas pasas.

Alhambra Palo Cortado. El paso durante varios meses de la cerveza por las botas de Palo Cortado, los vinos jerezanos que han tenido crianza biológica y oxidativa, confieren notas de frutos secos y toques licorosos.

Alhambra Pedro Ximénez. Las botas del vino dulce pasificado de Pedro Ximénez se encargan de aportar suaves toques golosos con notas de uvas pasas y caramelo.

 

 

 

 

Solo me queda agradecer a Alejo y Juan Miguel la interesante y didáctica visita que me han ofrecido. Un placer descubrir la elaboración de estas cervezas que representan un ciclo que se cierra muchos años después regresando a sus orígenes.

Un placer también conocer de primera mano con Beatriz el arte de tirar una cerveza.

Estupenda experiencia !!!

 

 

 

 

 

 





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