Publicado el 27 de Septiembre de 2022
BODEGAS MARTÍNEZ LACUESTA
HARO (RIOJA)
Esta vez vamos a realizar un “regreso al futuro” en el que viajaremos por el tiempo entrelazando los métodos tradicionales de elaboración heredados a través de cinco generaciones y propuestas innovadoras pensando en los mercados futuros. Con ello consiguen una maravillosa armonía que envuelve y sorprende durante nuestro recorrido. Os animo a descubrirlo juntos!!!
Nos dirigimos a Haro, la capital del Rioja, cuyo casco antiguo ha sido declarado Conjunto Histórico Artístico por su importante patrimonio arquitectónico. En esta localidad conocida internacionalmente por sus vinos y que mezcla cultura, paisaje y gastronomía vamos a visitar una de sus bodegas familiares centenarias más representativas: Bodegas Martínez Lacuesta.
De la mano del Director de Relaciones Institucionales Luis Martínez Lacuesta, el enólogo Álvaro Martínez Lacuesta y el director general Javier Bañales, ahondaremos en las raíces y la identidad de la tierra riojana de Haro por medio de la artesanal elaboración que lleva a cabo esta bodega familiar.
Su arquitectura modernista y vanguardista rodeada de cuidados jardines no nos anticipa la tradicional elaboración en el vino que descubriremos en su interior.
Su historia comienza en Haro con Félix Martínez Lacuesta en el año 1895 elaborando vino y cuyo éxito comercial le forzó a cambiar el domicilio en 1904 a la calle de La Ventilla en una finca en ruinas donde su antiguo frontón, testigo durante años de los triunfos y derrotas de los pelotaris de la zona y que aún conservaba alguna de sus paredes y parte de los palcos, sería también testigo de la historia de la familia Martínez Lacuesta durante más de un siglo.
Una larga historia dedicada a la elaboración de “Clarete fino” o “vinos finos”, como antiguamente se denominaba en Rioja a los vinos de calidad y así diferenciarlos de los vinos más corrientes.
Nos adentramos en su nueva bodega construida en el año 2011 y lo primero que nos sorprende es un pequeño museo donde observamos viejos aperos, recuerdos familiares, antiguos libros de cuentas y diferente documentación que certifica la historia familiar que estamos descubriendo. Este espacio del recuerdo se entrelaza con una novedosa y moderna sala donde podemos adquirir y disfrutar sus vinos y vermús.
Seguimos profundizando en las raíces de Haro y llegamos a la zona de elaboración que está distribuida en dos amplias áreas diferenciadas: Por una parte los depósitos de acero inoxidable y por la otra los grandes tinos de roble americano y francés todos troncocónicos para facilitar el trabajo de las diferentes fermentaciones.
Nuestro “regreso al futuro” nos sorprende una planta más abajo donde, entre más de 6.000 barricas, somos testigos de la “trasiega manual”, experiencia que tuve el placer de presenciar y que en mi opinión es una vivencia única que me fascinó por el duro trabajo artesanal que llevan a cabo.
El trasiego del vino se realiza prácticamente en todas las bodegas porque es una forma de separar y limpiar el vino de las partículas sólidas que se depositan en el fondo de las barricas, trasvasándolos y consiguiendo que los vinos “respiren” y así evitar su oxidación. La utilización del método artesanal y manual de esta “trasiega por gravedad” tal cual se realizaba hace muchos años la realizan poquísimas bodegas porque, aunque aporta mayor calidad al vino, conlleva un duro trabajo, alto coste y complicada metodología.
En la gigantesca Sala de Envejecimiento se apilan las barricas a cinco alturas, asemejándose al tradicional sistema de criaderas y solera de los vinos de jerez, sujetas con cuatro cuñas para que se pueda realizar manualmente este proceso de la “trasiega manual”.
Estas barricas tienen dos bocas, una en la panza y otra en uno de los fondos que será por la que se realizará el trasiego manual. Primeramente colocan una cuña en la barrica a trasegar para que el líquido no se derrame cuando abran la boca lateral y coloquen un grifo en esta abertura. Al grifo le ajustarán un caño cuya longitud dependerá de la altura en la que se encuentre la barrica y por la que bajará por gravedad el vino al nuevo depósito.
Junto a cada uno de estos caños de vino colocan una vela que servirá para detectar el nivel de turbidez. El trasegador irá recogiendo en un pequeño vaso de cristal una pequeña muestra e irá comprobando, a través de la luz amarilla que desprende la vela, que el vino no esté turbio.
En el momento que detecta que el vino ofrece algo de turbidez será depositado en otra barrica marcada con la T de Turbio y en ella almacenarán los vinos con restos de partículas sólidas de cada barrica trasegada. Otra curiosidad en este proceso son los golpes que dan los trasegadores a las barricas que van llenando con un martillo para detectar, dependiendo del sonido que desprenda, el volumen de vino que lleva introducido y así evitar su derrame.
El tapón lateral que se repone en la barrica que ha sido trasegada vuelve a forrarse de láminas de cañizo para que quede herméticamente cerrada y sin ningún tipo de fuga para el siguiente trasiego.
Tras deleitarnos con la mágica artesanía del vino nos dirigimos al Botellero donde reposan durante varios años sus vinos embotellados y donde descubrimos un sorprendente muro creado con el vino Martinez Lacuesta Reserva 2012. Este gigantesco muro nos muestra la forma en la que se apilaban las botellas de vino hace siglos encontrándose contrapeadas unas con otras sin ningún tipo de jaulón y bordeadas por unos estantes creados con duelas de tinos. De esta forma se puede acceder a cualquiera de estas botellas individualmente sin arrastrar a las demás.
Terminamos nuestro recorrido en “la bodega del recuerdo”, un espacio que atesora sus antiguas añadas de las que apenas quedan ya existencias entre muros construidos con piedras de la antigua bodega y techos creados con duelas de viejas barricas. En este rincón donde permanecen sus antiquísimas añadas familiares tuve el placer de elegir el vino de Martínez Lacuesta 1968 para unirlo a la cata y del que nos asombraríamos posteriormente de lo vivo que seguía estando.
Nuestro “regreso al futuro” concluye con un magnífico viaje enológico por la historia familiar de Martínez Lacuesta aunando la tradición harense o “jarrera” del vino con propuestas innovadoras que están a punto de salir al mercado como Martínez Lacuesta Tempranillo Blanco, un sorprendente y singular vino blanco joven elaborado con una mutación genética encontrada en el año 1988 en un viñedo de La Rioja y Martínez Lacuesta Garnacha, una novedad de corta crianza que saldrá al mercado en breve en el que sobresalen los característicos aromas a frutos silvestres de esta variedad.
La variedad Tempranillo nos lleva desde el clasicismo y la elegancia de Martínez Lacuesta Reserva 2011 que nos muestra su tipicidad harense protagonizada por fruta negra y pinceladas de regaliz hasta el carácter más moderno que expresa Hinia Reserva 2012, otra de las novedades que saldrá pronto al mercado elaborada con viñedos de más de 50 años que nacen en el Paraje de las Hinias.
Nos retrotraemos en la historia con Félix Martínez Lacuesta Gran Reserva 2010 que rinde homenaje a su fundador y Martínez Lacuesta 125 años elaborado para la celebración del 125 aniversario de la bodega. Dos joyas que muestran el espléndido carácter y longevidad de los grandes reservas riojanos.
Con La Sucursal encadenamos el pasado y futuro con un Tempranillo de corte moderno y color intenso que homenajea a la primera Sucursal de venta de vinos que inauguraron en la madrileña calle del Carmen nº 18, a pocos pasos de la emblemática Puerta del Sol en el año 1904.
Seguimos nuestra ruta enológica con la delicadeza que expresan Campeador Gran Reserva 2012 y Campeador Gran Reserva 2005 de Garnacha y Tempranillo y ahondamos todavía más en la historia familiar con Martínez Lacuesta 1968, una joya que representa el perfume del vino y que, a pesar de su longevidad, sigue ofreciendo un abanico de matices … todo un tesoro para paladear y saborear.
Nuestro viaje finaliza enlazando nuevamente el clasicismo y la innovación con la uva blanca Viura y su Campeador V.B. fermentado con sus pieles y envejecido en barricas grandes y Martínez Lacuesta Blanco 2018 de perfil más clásico y con crianza en roble francés.
Doy las gracias al equipo de Martínez Lacuesta por hacerme partícipe de su historia y os animo a visitar esta bodega y experimentar ese sorprendente “regreso al futuro” descubriendo el pasado, presente y futuro de la identidad riojana de Haro.
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