Publicado el 25 de Septiembre de 2025
MONTERREI: EL LUGAR DONDE LAS PIEDRAS HABLAN Y EL VINO SUEÑA
ORENSE (GALICIA)
Galicia siempre me fascina pero había un territorio que aún no había tenido la oportunidad de visitar y que ahora se ha quedado grabado en mi corazón: Monterrei.
Divisar su imponente castillo coronando el valle fue como si abriera las páginas de un libro antiguo donde sus piedras, viñedos y frondosos bosques escriben juntos la historia de esta comarca.
De la mano de Alejandro Paadín, gran conocedor de los vinos y cada rincón con historia de Galicia, descubrimos un paisaje formado por ocho municipios donde cada viñedo y cada lagar rupestre tallado en la roca son testigos silenciosos de cómo se elaboraba vino hace siglos en esta región.
En Monterrei todo se ordena por contrastes y lo descubrimos en los diferentes “túneles del vino” donde comprobamos cómo una misma variedad puede expresarse de mil maneras en un solo territorio. Allí entendí la versatilidad de sus uvas principales: la blanca Godello y la tinta Mencía.
Sus dos subzonas (el Valle y la Ladera), la tipicidad que ofrecen sus diferentes suelos entre tierras arenosas, arcillosas y pizarras junto con la diversidad de microclimas componen un sensacional mosaico que explica por qué esta comarca es una joya vitícola con identidad propia.
Con copa de vino en mano nos dejamos llevar por esta región serpenteada por el río Támega entre cepas de uva blanca Godello, Treixadura, Doña Blanca o Albariño y las tintas de Mencía, Merenzao, Sousón o Caíño Tinto. Su paisaje del vino se pierde en el horizonte entre el verde de sus espesos bosques porque la viticultura en esta región representa el motor económico más importante de la comarca.
BODEGA FRAGAS DO LECER: Un bosque de ensueño hecho vino
Nuestra ruta comienza en la localidad de Vilaza, antigua villa romana que albergó el monasterio templario Fraga do Corvo del siglo XII y donde visitamos la bodega Fragas do Lecer que pertenece a Grandes Pagos Gallegos y cuyo nombre ya invita a soñar porque significa “bosque de ocio o de descanso”.
Allí percibí cómo el paisaje se transforma en vino y el vino a su vez refleja el alma del lugar donde nace porque sus monovarietales son un canto a la pureza de cada tipo de uva.
Los fundadores de la bodega son viticultores que llevan cuatro generaciones apostando por las variedades autóctonas y por ello sus viñas se reparten en 48 parcelas con diferentes tipos de suelo organizadas no por ubicación sino por altitud, dejando claro que aquí cada metro de terreno cuenta.
COOPERATIVA TERRAS DO CIGARRÓN: Innovación al servicio de la Godello
La siguiente parada nos llevó al espíritu cooperativo de la región: la Cooperativa Terras do Cigarrón en la localidad de Albarello fundada por un pequeño grupo de viticultores que se unió para demostrar el potencial de la Godello, la uva reina de la bodega.
Con Javier Paadín, hermano de Alejandro, descubrimos copa a copa desde los depósitos y barricas cómo la Godello cambiaba su expresión según el tipo de suelo y el entorno donde nace.
Actualmente esta bodega está integrada en el grupo Martín Códax y gestionan más de 115 hectáreas incluyendo el viñedo en altitud más extenso de Galicia.
Me sorprendió cómo la tradición se abraza con la innovación a través de los drones que sobrevuelan las viñas para controlar cada parcela y así clasificar las tierras según sus particularidades con una obsesión sana por entender el impacto del terruño en la uva.
Con cada sorbo confirmamos lo que Javier nos resumió: “Nuestra misión es mostrar el potencial del territorio de la Godello y su magnífica diversidad”.
BODEGA GARGALO: Moda, paisaje y excelencia
En Verín y frente al majestuoso Castillo de Monterrei nos esperaba Roberto Verino para mostrarnos que además de ser uno de los modistos más prestigiosos nacional e internacionalmente también es un auténtico embajador de su tierra. Y así lo percibimos en la visita a su bodega Gargalo.
Verino nos habló de su sueño convertido en vino recuperando la actividad vitivinícola de la zona y construyendo un legado de calidad y felicidad que nos fue mostrando en el recorrido por su bodega inaugurada en 1998.
El diseño arquitectónico semienterrado parece abrazar la tierra y no imponerse a ella. Juega con cubos geométricos que muestran sencillez, estabilidad y respeto al entorno sin quitar un ápice de su magnetismo y mimetizándose con las formas del castillo donde cada cubo se orienta hacia un punto cardinal.
El entorno es un espectáculo en sí mismo porque cuenta con un diseño paisajístico lleno de vida y de plantas mediterráneas que por algo se llama el “Bosque del Placer”, un lugar mágico donde conviven especies botánicas y aves casi desaparecidas.
Su filosofía, como Roberto comenta, se fundamenta en tres valores esenciales: calidad, transparencia y respeto sin renunciar a la belleza ni a sus tres eles: "Limpieza, Limpieza y Limpieza".
BODEGA TRIAY: Pasión por el legado familiar vitícola
La última visita fue a la aldea de O Rosal en la localidad de Oímbra, la llamada popularmente “milla de oro de Monterrei” porque sus suelos cambian cada pocos metros ofreciendo un abanico de posibilidades enológicas.
Aquí Puri, actual generación al frente de la Bodega Triay, nos abrió no solo las puertas de su bodega sino también las de su corazón involucrándonos en su álbum familiar lleno de historia.
Seis generaciones dan vida a este proyecto donde esta familia ha vivido el vino en cada conversación, en cada cepa y en cada vendimia desde 1840 cuando decidieron reemplazar plantaciones de trigo y maíz por viñedos qué, con el paso del tiempo, se convertirían en un símbolo local del vino. Esta familia no ha dejado de escribir historia desde entonces entre cepas de Godello, Mencía, Treixadura y hasta de la recuperada Araúxa.
Me quedé con una frase que lo explica todo sobre su historia porque su padre “conversaba con las cepas”. Esa relación casi espiritual con la viña expresa una filosofía de amor a la tierra que se ha transmitido de generación en generación.
Finalmente Monterrei nos mostró que ha sido testigo de una tradición vitivinícola milenaria donde diferentes civilizaciones han dejado su huella. Así nos lo demuestran sus magníficos lagares rupestres tallados en la roca, son huellas milenarias que nos recuerdan que aquí se hacía vino hace siglos y siglos.
Frente a ellos uno siente que la piedra habla y muestra las marcas del esfuerzo humano y la certeza de que la cultura del vino es un legado que merece ser cuidado y transmitido a las próximas generaciones.
Existe una ruta de lagares rupestres que os animo a recorrer. Están escondidos entre viñas y bosques, algunos fáciles de alcanzar y otros más complicados pero todos desprenden la misma magia porque son lugares que nos permiten viajar en el tiempo.
La experiencia en Monterrei no estaría completa sin hablar de su gastronomía que es puro reflejo de la tierra. Empanadas recién horneadas, carnes de la comarca, quesos gallegos y productos de la huerta acompañaron en estas jornadas a los vinos como la pareja perfecta.
Y como colofón la queimada con su tradicional ritual al borde del río donde el aguardiente arde entre conjuros y llamas azules alejando a los malos espíritus. Mágico ... nos dejó sin palabras!!!
Muchas gracias a los hermanos Paadín y a la Denominación de Origen de Monterrei por darme la oportunidad de conocer esta tierra que derrocha magia y tradición.
Monterrei no solo se visita y se siente sino que se recuerda para siempre. Y yo lo tengo claro .... Volveré!!!
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