Publicado el 28 de Abril de 2016
Hay muchas pautas que ayudan a conservar un vino, y hay acciones que pueden llegar a hacer que el vino pierda sus cualidades. Cuando se decide abrir una botella es importante, taparlo, para evitar que uno de los enemigos del vino, el oxígeno, haga acto de presencia.
Este tapón hermético está especialmente diseñado para mantener bebidas como los espumosos. Aunque existe variedad de modelos, coinciden todos en su mecanismo. Se presiona un tapón contra la boca de la botella y luego dos abrazaderas que se sujetan al gollete lo fijan e inmovilizan. Abierta la botella, se obstaculiza la paulatina pérdida de presión.
En principio la botella de vino, una vez abierta, debe consumirse de inmediato. De otro modo, al día siguiente, habrá sufrido una trasformación (un vino joven pierde su afrutado y si es viejo pierde su bouquet merced a la oxidación). Unos días más nos encontraremos con un vinagre de pésima calidad.
Por ello, un restaurante no suele servir un vino por copas, salvo que se trate del vino de la casa o de mucho consumo que al final se agotará entre distintos comensales (aunque fueran de distintas mesas). Algunos restaurantes con amplitud de vinos en su carta permiten excepcionalmente solicitar una o dos copas de cualquiera de sus vinos. Para ello cuentan con complejos aparatos que extraen el oxígeno de la botella, una vez abierta, sustituyendo dicho espacio por nitrógeno. La botella, tras la ligera aireación que se produce al ser abierta para servir una copa, queda inmediatamente hermética para su consumo cualquier otro día, con pérdida mínima de sus cualidades organolépticas.
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